En 2009 se cumplen los primeros 30 años de la industria videográfica. Tres décadas en la que ha pasado de todo. El aniversario, sin embargo, nos pilla bastante maltrechos por culpa del problema más endémico de toda esta etapa: la piratería. En el reportaje que sigue, hablamos del comienzo de esta maravillosa Historia que cambió no sólo la manera de ver cine, sino que multiplicó por 10 su negocio. En próximos capítulos trazaremos la crónica de esta industria que ha llevado a la película a liderar el entretenimiento de las familias de todo el mundo.Corría la última semana de un octubre frío y lluvioso de 1979 en una Barcelona que conmemoraba su décimo séptimo Salón de la Imagen y Sonido (SONIMAG). En él, como en años anteriores, se exponían los últimos avances en la tecnología de los aparatos de audio, televisión y fotografía. Pero en 1979, escondido en una esquina de la feria, prácticamente arrinconado para pasar desapercibido entre todos los artilugios tecnológicos que estaban expuestos en las decenas de pabellones, se encontraba un pequeño “tenderete” en el que se ofrecía por primera vez en España un aparato de vídeo y unos documentales para ver películas en él.
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